CERVEZA, MÚSICA Y FANTASMAS

 

 Habíamos decidido a lanzarnos un par de cervezas anti – stress al terminar el trabajo. Nos tomó unos minutos decidir el lugar, casi al azar caímos en el único pub irlandés de la ciudad. Allí estaba  yo, hablando las sandeces de siempre con el Emperador Araña y Cachi-mau. Ya habíamos traspasado con creces el limite del anti – estrés, estábamos instalados, dueños del pub, había comprado cincuenta pesos de canciones y atiborrado la rockonola de rock duro y unos cuantos boleros cortapulso. La jodedera nuestra y las risas iban increscendo. Habíamos llegado al caer la tarde, ya tendríamos un par de horas de estar allí cuando lo vi entrar,  cincuentón canoso, de tez muy blanca acompañado de un joven. Ordenaron cerveza, gaseosa y el hombre se dirigió a la rockonola. Me fije en él con mucho detenimiento. Era igualito al papá del Emperador Araña que había muerto tiempo atrás, solo que este era gordo. Mira loco, le dije, tu papá en gordo. El Emperador Araña que estaba de espaldas el tipo se volteó y respondió si, ché, es mi viejo gordo. Hasta los mismos pantalones kaki y las camisas pastel.

 

El rock desfilaba en la rockonola, pasaba de “Stairways to heaven” de Led Zeppellin a Imagine de John Lennon. De repente la maquina hizo sonar “Nuestro juramento” interpretado por José Feliciano. Ya achispados, descalificamos al portorriqueño ciego. Black Sabath con su “Children of the grave” nos hizo olvidar la cursilería romántica latinoamericana. Más cerveza, más risas. El Emperador Araña estaba a ratos más atento a lo que ocurría en la mesa  del gordo que en las chanzas de nuestra propia mesa.

 

Los Héroes del Silencio nos cerraron el pico con sus lapidaria “Para siempre”. Ya rondando la borrachera coreamos con Enrique Búmburi: “nada es para siempre”. De pronto la rockonola dejo oír el requinto apretado y veloz de Julio Jaramillo. Otra vez  “Nuestro juramento”. Elogiamos al difunto ecuatoriano. Alguno de nosotros narró su entierro multitudinario, yo recordé una película de su vida, su emigración a México, su triunfo y su permanente borrachera. Pedimos más cervezas y coreamos: “que si los muertos aman, después de muertos amarnos más”. Se terminaron las canciones puestas por mi, y empezaron las rancheras que el gordo había marcado.

 

Nos desentendimos de la música y empezamos la parte filosófica de la bebedera. Cachi–mau dijo que la clave de todo estaba en la letra de la canción de Jaramillo. Que nosotros, adoradores de Baco tendríamos abierta una puerta después de la vida. No esa dicotomía cansina que proponen las religiones de un infierno y un cielo sino la bebedera después de la muerte. Concluyó con la seriedad de un Inmanuel Kant: “que si los vivos beben, después de muertos, bebemos más”. El Emperador Araña y yo aplaudimos ruidosamente a nuestro filosofo, más cerveza y contamos a coro: “que si los vivos beben, después de muertos bebemos más”.

 

Cuando escuchó nuestro canto se levanto el gordo, se dirigió a nuestra mesa y el Emperador Araña le dijo: Hola hijo. Cuando escuchamos el tono de la voz nos quedamos estupefactos. El Emperador Araña dijo con tono bajo, sos vos viejo? Si contesto el hombre, la cerveza y las hamburguesas me tienen gordo. Pero te enterramos hace un año, dijo sorprendido el Emperador Araña. Chachi-mau y yo éramos simples espectadores del dialogo. Oíamos, veíamos, y no creíamos. Cuando lo escuche a él, señaló a Cachi-mau, haciendo la paráfrasis de Julio Jaramillo sólo vine a decirles que tiene razón,  que si los vivos beben, después de muertos bebemos más. Pero vos bebías sólo vodka y no comías carne roja dijo asombrado el Emperador Araña. Mirá muchachó dijo el fantasma, gordo, rubicundo y con su jarra de cerveza en la mano, al morir algunos no lo aceptamos, no nos despegamos completamente de la vida, entonces nos dejan tener algún contacto con la vida misma. No volvés a tus viejos hábitos, algunos rondan a su familia o a sus amigos. A esos les cuesta más la transición. Yo sé que ustedes están bien, así que opté por la cerveza helada, las hamburguesas y las  rancheras mexicanas. Nunca pensé que te iba a encontrar aquí.  El Emperador Araña señaló al joven, que bebía solo coca cola ¿y éste? preguntó. Me vigila para que no vuelva sobre mis viejos hábitos. Yo vigilo que él no se precipite sobre los videos-juegos.

 

Bueno muchachos, ya hablé demasiado y mi tiempo por esta vez se terminó. Pagó su cuenta y se fue. Yo recordé la frase de Hamlet a la sombra de su padre en el castillo de Elsinor: “Que significará que tú, cadáver muerto, vistiendo tu armadura, vuelvas así de nuevo bajo el brillo lunar a ensombrecer la noche”. Pobre Shakespeare, ignorante de la verdad, tal vez porque nunca escuchó a Julio Jaramillo, ni bebió cerveza en un pub irlandés en el tercer mundo. Pagamos y nos fuimos cantando: que si los vivos beben, después de muertos bebemos más.

 

 

Abravo

Managua – Panama

Marzo 2005.

 

INOCENCIA SIDERAL

 

a Vicente Ubau

Me sorprendió la llamada de la Tere. Teníamos varios años de no saber nada el uno de la otra, desde los días en que trabajamos juntos en el desaparecido Ministerio de Cultura de los años de la Revolución. Después de los saludos de rigor con el “ideay niñó, cuánto tiempo, qué ha sido de tu vida” pasó a contarme que estaba trabajando en un negocio de su familia en la ciudad de Rivas, al sur del país, que me llamaba porque su gente tenía un problema delicado y que sólo yo podía ayudarle a resolverlo, que había removido cielo y tierra para dar conmigo porque para ella yo era el mejor abogado del mundo.

Agradecí su confianza pero le dije que no podía, que estaba de tiempo completo en la universidad, entre la docencia y la dirección de la editorial universitaria no me quedaba ni un momento para dedicarlo a los tribunales. Prefería no aceptar un caso,  por bien pagado que fuera a quedar mal con el cliente.

Me preguntó con cierta angustia en la voz si conocía a alguien que le pudiera llevar el caso. Era algo muy delicado en que se había metido un sobrino suyo. Mujer, pero si tenés a Inocente, ese está litigando y es tronco de abogado. ¿Cuál Inocente? me preguntó con asombro.  Pues Chente, mi compadre. Percibí que no caía en la cuenta. ¡¡Don Buzón!!! casi le grité. Ahh, ya me acuerdo, el que trabajaba con vos. Ese mismo, le dije, tiene bufete instalado y le dí el número del despacho jurídico.

Inocente de Jesús Marenco, mi compadre, mi amigo, mi hermano del alma, mi profesor de manejo y de mañas en la vida, el mago de la mecánica automotriz, el zar de la baraja, el hombre que se las sabía todas, el defensor de las causas difíciles y desesperadas, el más buzo entre los buzos: ¡¡Don Buzón!!!

Inmediatamente llamé a mi compadre para alertarlo: Hay te va a llamar la Tere. ¿Cuál Tere? Aquella cuate que trabajaba en Artesanías  del Ministerio de Cultura, la que era la más hermosota allí. Ahh, la Tere esa, y qué le pasa? No es ella, es un sobrino el del clavo. Yo creo que está metido en una violación. Mire compadré, yo no defiendo ni a narcos ni a violadores, me dijo muy serio. Es muy feo decirle que nó, así de golpe, ha sido buena amiga nuestra y está afligida, acordáte que no tenía hijos y hablaba a cada rato de sus sobrinos. ¿Y qué hago, qué le digo cuándo me llame? Noté preocupado al compadre.  Cobrále un montón de plata, así se va a correr ella sola. ¿Cuánto? Mil dólares dije rotundo y corté el hilo de la conversa.  A las dos horas suena un telefonazo en mi oficina. Era Don Buzón. Escuetamente me dijo: ¡¡Ya me vino a dejar el dinero¡¡

Mi compadre y yo habíamos cursado juntos la carrera de derecho. Vivimos en la misma casa de estudiantes en León, nos desvelamos con el mismo grupo de estudio analizando la norma jurídica como un silogismo categórico hipotético, bebimos en las mismas cantinas y nos enamoramos platónicamente de la misma compañera de aula. Cuando me nombraron como asesor legal del Ministro de Cultura me llevé a Don Buzón a trabajar conmigo y el día que las elecciones pusieron fin al proceso revolucionario abrimos juntos un despacho jurídico. Me cansé de la práctica forense, del stress que te pegan los clientes con su propio stress y conseguí trabajo en la universidad, él se quedó litigando solo.

A los días me llamó Don Buzón para darme noticias. El tal sobrino era culpable de la violación. Estaba metido hasta el cuello. Mi compadre fue parte en la fase indagatoria del juicio, revisó el expediente policial, entrevistó testigos, leyó de atrás para adelante el dictamen del médico forense, habló con la policía, interrogó largamente al acusado. No tenía dudas: !! El fue!!!

¿Y ahora que va a hacer compadre? Defenderlo, y qué más. Si ya me pagaron por adelantado, por tu tal consejo. Además la Constitución dice que todo el mundo tiene derecho a un juicio justo  y que todo acusado se presume inocente hasta que no exista una sentencia firme en su contra emanada de un tribunal competente.

Yo siempre comparé al juicio por jurados con una corrida de toros. Una corrida de las de verdad, de las españolas o mexicanas, con toreros en trajes de luces, picadores, banderilleros, una plaza llena de gente que entiende de la faena. No esas barreras todas mal hechas y malolientes de nuestro país, donde sortean al toro un montón de borrachos con trapos rojos y el más aventado de todos se monta en el animal mientras la música de los chicheros resuena estruendosa con canciones como La puta que te parió, Ese toro no sirve, la Mama Ramona.

Para mí el torero es el defensor, el toro la Fiscalía y el público el jurado. El torero debe hacer de picador frente a los testigos, de banderillero con la Fiscalía  y luego de pases y pases y pases con la muleta, hacer su alegato  final, para matar con el bruñido estoque y obtener la absolución de su defendido, saliendo a veces en hombros entre las aclamaciones del público.

Con todas las pruebas en contra del muchacho pensé que mi compadre iba a dejar pasar a la Fiscalía, en la fase plenaria del juicio, como el torero que ve venir al toro bufando con la testuz apuntándole para ensartar al hombre en la ingle y alzarlo con la cornamenta revolviéndolo en ese acto para abrir más la herida y ensartar a fondo el cuerno, agachar luego la cabeza para lanzarlo al suelo, allí rematarlo a cornadas y  golpes con las patas. Cuando el animal cree que va a lograr su cometido el torero se da media vuelta, hace el pase con la muleta y el toro se queda burlado con sus intenciones homicidas. Así imaginaba a Don Buzón con respecto a los alegatos de la Fiscalía.

Luego se pararía de frente al jurado, haría un emotivo discurso, ya como matador que agita la roja capa con la mano izquierda, sostiene firme el estoque con la derecha alzándose sobre las puntas de los pies –como si bailarín de ballet fuera- y llamando quedamente “toro, toro” para que la bestia baje la cabeza en gesto de ataque, dar un salto casi imperceptible para clavar el acero más allá de los pitones de la bestia, así acabar la faena entre los aplausos del público y un OLE gritado a todo pulmón.

No me preocupé por  preguntar a  Don Buzón por su alegato de estrado. El caso de por sí no me gustaba para nada pero conocía a fondo a mi compadre. Sabía que él era un excelente improvisador. Que con sólo ver los rostros y la ropa de los jurados los clasificaría según su origen social y así haría fluir el torrente de sus palabras para sumergirlos en razonamientos sensibleros o argumentos científicos, según el caso, para que los jurados emergieran de la correntada verbal y no tuvieran más opción que emitir un veredicto absolutorio.

Supe que los familiares de la Tere habían difundido en su ciudad el rumor que  contrataron para la defensa del muchacho a un jurista de altísimos vuelos, un pensador de la ciencia penal que hacía que el gran Eugenio Cuello-Calón fuese un aprendiz a su lado. La Fiscalía no tendría oportunidad frente a tal contrincante, el acusado estaba prácticamente libre.

No supe nada más del caso. Me dediqué a la edición de la revista oficial de la universidad con verdadero ahínco. A revisar la diagramación, a corregir pruebas, a insertar adecuadamente las ilustraciones, a escoger el cuadro del artista plástico que ilustraría la portada, luego a discutir de tiempo con la imprenta y a preparar el acto de lanzamiento de la Tercera Época de la publicación.

Cuando hubo pasado el vendaval editorial se apareció  Don Buzón en mi casa. El hombre me pedía refugio seguro por unos días, mientras les pasa la chicha a los familiares de la Tere. Y que fue pues?

Me contó que el día del juicio se apareció con su secretario, impecablemente vestido con una guayabera de lino celeste, pantalón azul oscuro, maletín de cuero lustroso, el secretario cargaba gruesos volúmenes que todo el mundo supuso eran tratados del derecho penal, de criminología, de medicina forense y siquiatría.

Se encontró con una turba vociferante en la calle del juzgado contenida por policías anti-motines. Todas organizaciones de mujeres con mantas y pancartas que pedían la pena máxima para el violador. Cuando mi compadre se bajó de su vehículo lo abuchearon. Coreaban: PARA UN PAIS SIN VIOLACION: PEDIMOS CASTRACIÓN!!! O AL MENOS 30 AÑOS DE PRISIÓN!!!

Don Buzón entró sereno al edificio de la corte. Sus simpatías estaban con las mujeres en la calle, con la víctima del caso, pero por la amistad con la Tere, por el consejo que le dí de cobrar caro debía ser el malo de esta película.

Cuando llevaron al acusado en un vehículo policial, los ánimos se exaltaron en la calle, los anti-motines tuvieron que lanzar un par de granadas lacrimógenas para evitar que el mujeral enardecido entrara al recinto judicial.

Al entrar a la sala de jurados a Don Buzón le dio un vuelco el corazón. Todo el jurado estaba compuesto por mujeres y quien presidía era una jueza. En el aire revoloteaba una sentencia de culpabilidad, como una sombra de pesadilla para el defensor.

Se leyó la acusación: Delito de violación cometido en una menor de dieciséis años, secuelas de trauma sicológico. Quien representaba a la vindicta pública era también mujer, seguro una recién graduada que acusaba nerviosismo en sus actuaciones, pero que fue acumulando pruebas y pruebas en contra del acusado. Sacó antecedentes del tipo, acusaciones de abusos deshonestos, que no prosperaron porque la familia compró conciencias, despidos en los trabajos por haber acosado sexualmente a secretarias y empleadas de limpieza. Jodido pensó Don Buzón, todo eso me lo ocultó la familia de la Tere.

Don Buzón no quiso interrogar testigos. Dejó a la Fiscal en entera libertad para tirarse a matar en el alegato final. Allí el turno primero fue de la Fiscal, quien dijo a la Honorable Señora Juez y al respetabilísimo Jurado de Conciencia: Ved a este monstruo de la naturaleza, ojos torcidos de violador, pelo de violador, cara de violador. Una amenaza para la sociedad. El día que nació le tocó una teta a la enfermera que lo trajo al mundo, manoseó a la viejita que le enseñaba el catecismo. En su adolescencia lo expulsaron del Instituto Nacional por enseñar repetidamente sus partes pubendas a las muchachas en horas de recreo diciendo a gritos … aquí está el chorizo para que coman hotdog. Culminó su carrera criminal con la violación de una joven vendedora de cajetas y dulces de leche, sustento de una familia humilde, a quien además le robó el producto de su venta. Señora Jueza, señoras del Jurado, en momentos como éste no queda más que lamentar el humanismo de nuestra Constitución Política que prohíbe la pena de muerte, porque para este aborto de la naturaleza yo pediría que lo castren primero y luego le apliquen la pena de muerte para dar ejemplo a otros como él. Me tengo que contentar con pedir en nombre de la sociedad  la pena máxima establecida en nuestra legislación: treinta años de prisión inconmutables. Muchas Gracias!!! Afuera ovacionaron las que colmaban la calle, retumbó la consigna en el salón de la corte como una amenaza premonitoria: PARA UN PAIS SIN VIOLACION: PEDIMOS CASTRACIÓN!!! O AL MENOS 30 AÑOS DE PRISIÓN!!!

Don Buzón esperó pacientemente que terminara el aguacero de consignas y aplausos. Se dirigió a la  corte diciendo: Señora Juez, señoras del jurado. Mi defendido nació el 29 de noviembre de 1972 como lo demuestro con la presentación de su partida de nacimiento, la que pido que sea tenida como la prueba “A” de la defensa. Su secretario con suma diligencia repartió fotocopias del documento cuyo original entregaba mi compadre  al secretario judicial quien a su vez se lo pasaba a la Juez, la que lo leía con extrañeza sin comprender para nada en qué abonaba aquel papel en la defensa del sobrino de la Tere.

Don Buzón abrió uno de los gruesos volúmenes que había llevado y dijo en medio del silencio sepulcral que reinaba en la sala y en la calle: es de signo Sagitario, signo de fuego. Las partes del cuerpo que están influenciadas por este signo son los muslos, caderas, nalgas, hígado, ciático, sistema arterial, por su lado negativo son dados a la exageración, extremistas, descuidados, irreflexivamente optimistas, irresponsables, caprichosos, jugadores, charlatanes, argumentativos, imprudentes, de moral elástica, gusto exagerado por el riesgo, glotones, coléricos, fanfarrones, egoístas, ególatras, envidiosos, prepotentes, petulantes. El sexo es una extensión natural de su búsqueda y como amante Sagitario trata de encontrar respuestas en el placer. Los sagitarios son ardientes y cínicamente promiscuos. Su animal es el caballo, su planeta regente Júpiter.

Luego de la disertación astrológica,  Don Buzón dijo con voz grave: ahora voy a leer el horóscopo publicado en El Nuevo Diario el día de los hechos, el que pido sea tenido como prueba “B” de la defensa: Sagitario, no salgas de tu casa porque tu libido te puede llevar a cometer actos de los que arrepentirás por el resto de tu vida. El secretario de mi compadre con diligencia suma repartió las consabidas fotocopias entre las del jurado mientras mi compadre concluía: no es culpa del muchacho, fueron los astros los que lo empujaron a cometer ese hecho, él es de una inocencia sideral, pido que lo absuelvan!!!

Afuera tronaron las mujeres, entre indignadas unas y en risas otras mientras la presidente del jurado dijo que no necesitaban retirarse a deliberar, que el acusado era culpable. La juez mientras pedía orden, orden y daba martillazos, condenó al acusado a veinte años de prisión inconmutables.

Y cómo se le ocurrió eso compadré, le pregunté. Y que iba a hacer, si el tipo es culpable. Entonces me dije, tal vez alguien en el jurado cree en los astros y esas babosadas y puede enredar al resto y le dan una condena suave al muchacho. La familia estaba lista para llevárselo fuera del país ya me lo habían dicho y yo pensé que el tipo no iba a volar a otra parte, sino a violar en otra parte y que en un par de años su caso iba a salir como uno de los latinos condenados a la silla eléctrica o a la inyección letal en los Estados Unidos. Ahora téngame unos días aquí escondido. La familiares de la Tere son unos matones, la única decente es ella y váyase a comprar un par de botellas de whisky y unos naipes para que pasemos bien el rato. Aquí tiene unos dolaritos de los que me pagaron…que sirvan para algo bueno,  me dijo sonriendo.

Alejandro Bravo.-  San Salvador,  marzo 2009

 

 

 

 

 

LA COPA DEL MUNDO

Para Alejandro Bravo-Vargas

-fan del Chelsea F.C-

 

En este pequeño país jugamos fútbol desde niños. Ese deporte llena todo el imaginario colectivo del país. Las páginas deportivas de los diarios tienen muchísimos más lectores que los suplementos culturales, la sección de deportes de los telenoticieros tiene comentaristas mejor preparados que los analistas de política internacional o de economía criolla. Hay ligas de fútbol de todo tipo: profesional, amateur, sub-20, sub-15, infantil, femenino, de gays y lesbianas, de prostitutas, de barrios y parroquias. Las grandes empresas tienen sus propios equipos, las universidades, los colegios de secundaria, el ejército, la tercera-edad. Los políticos prometen en sus campañas electorales que la selección nacional conquistará la Copa Mundial cuando ellos lleguen al sillón presidencial. En los restaurantes, bares y cantinas hay televisores de pantalla plana siempre transmitiendo los partidos de todas las ligas, en los hoteles de cinco estrellas y en los hostales y pensiones. Las camisetas con los colores de los principales equipos nacionales y extranjeros son prendas comunes de vestir.

De pronto los medios de comunicación dieron la gran noticia: LA COPA VISITARÍA NUESTRO PAÍS. Gracias a la generosidad de un refresco embotellado, la Copa del Mundo, como parte de su periplo alrededor del planeta visitaría nuestro país. Al solo conocerse la buena nueva se organizó un Comité de Bienvenida al más alto nivel, el propio primer mandatario lo encabezaba, allí estaba lo más granado de nuestra sociedad: las autoridades deportivas, el Ministro de Relaciones Exteriores, la Mesa Directiva del Parlamento y su Comisión de Deportes, la Corte Suprema de Justicia, el Ministro de Cultura y Deportes, el Estado Mayor de las Fuerzas Armadas, el Ministro de Gobernación y la Jefatura de la Policía Nacional, la Conferencia Episcopal y los principales pastores y predicadores protestantes, el Ministro de Educación, las ONG´s que promueven el deporte, las Cámaras de Comercio Industria y Turismo, las Asociaciones de Mujeres por aquello de la Equidad de Género.  El Comité  una vez organizado y ratificada la presencia de tan distinguidos integrantes en su primera reunión fue institucionalizado mediante Decreto Legislativo y su  trabajo más relevante fue  elaborar y aprobar el Programa de Actividades de la Visita de La Copa del Mundo a nuestro país.

Los medios de comunicación dedicaron espacios radiales y televisivos a la Copa. Se supo con detalle la aleación de metales que la componían, la biografía del escultor que la concibió, el listado de países que la han tenido bajo su custodia y los años en que la han custodiado por haber ganado el respectivo Torneo Mundial, los capitanes de los equipos que la han recibido de manos de las máximas autoridades de la Fédération Internationale de Football Association. Todos los programas de opinión dejaron de lado las huelgas de maestros, las reivindicaciones de los pueblos indígenas, las discusiones del salario mínimo, los problemas que generaba al país la roya del café y la broca del pino, las muertes violentas, el crimen organizado, las pandillas, el narcotráfico, el terrorismo fundamentalista, la deforestación de las reservas boscosas, el cambio climático, la corriente del Niño y la contracorriente de la Niña, el conflicto árabe-israelí, la marcha de la economía china, el desempleo en Europa, todos los temas habidos y por haber entregaron el cetro de la atención mediática a la Copa y su llegada al país.

Para financiar todas las actividades que tendrían lugar, la Lotería Nacional por iniciativa del Comité de Bienvenida, decidió que dos de sus sorteos estarían relacionados con el asunto: los premios del primero de los  sorteos serían boletos para poder llegar hasta donde se exhibiría la estatuilla y tomarse una fotografía a la par de ella; el segundo tenía un único gran premio, un viaje hasta el país-sede del Torneo Mundial con boletos de entrada para todos los partidos importantes.

Finalmente llegó el gran día. La agitación cundía por todas partes, el Ministerio de Trabajo había declarado asueto nacional y emitido una resolución que obligaba a los empleadores a conceder permiso para ausentarse del trabajo a aquellos trabajadores que eran los afortunados poseedores del boleto de entrada para ver la Copa.

Una parte del Comité de Bienvenida, presidido por el Canciller de la República esperaba en la pista del aeropuerto con una compañía de caballeros cadetes que presentó armas cuando el supremo trofeo descendió de la escalerilla del avión de manos de un alto funcionario de la F.I.F.A. una salva de veintiún cañonazos marcó el momento supremo del recibimiento de Jefe de Estado que se le tributó, fue colocada en una urna de cristal blindado en lo alto de un vehículo todo-terreno de las Fuerzas Armadas especialmente acondicionado para ello. En todo el trayecto que  del aeropuerto al Palacio Presidencial las calles estaban abarrotadas de escolares que vestidos con camisetas de los clubes de su predilección y portando mantas, pancartas, banderitas de la F.I.F.A. y de la Patria saludaban a la Copa.

Al llegar al Palacio el trofeo fue bajado del Copa-móvil por el Atleta del Año y entregado a la bella joven que representó el país en el Certamen de Miss Universo, quien vestida con el Traje Nacional la llevó por los pasillos del Palacio hasta  el Salón de las Banderas donde la recibió el  Presidente quien la colocó  en un sitial de honor. Luego de un emotivo discurso donde el mandatario hizo un recuento de todos los triunfos deportivos de nuestro país, interrumpido a cada rato por los estruendosos aplausos de los presentes, terminó diciendo que la presencia de este símbolo de excelencia deportiva en nuestro suelo patrio daría bríos a nuestra selección nacional para triunfar en uno de los próximos mundiales y así permaneciera por más tiempo en nuestra adorada tierra.

La Copa fue condecorada con la Orden de los Próceres de la Independencia en grado de Gran Cruz y una foto oficial fue tomada sucesivamente con el Gabinete de Gobierno, el Estado Mayor de las Fuerzas Armadas, la Jefatura de la Policía Nacional. Luego fue entregada de nuevo a la representante de la belleza  femenina de nuestro país para que la depositara en el Copa-Móvil para su traslado al Congreso Nacional, donde fue colocada en el hemiciclo parlamentario, recibida en sesión solemne donde se pronunciaron sendos discursos del Presidente del Parlamento y de los jefes de Bloques Políticos que elogiaron el trabajo de integración del orbe entero que el fútbol realizaba y la estatuilla simbolizaba, fue declarada como Benemérita de la Humanidad mediante Decreto Legislativo. Siguió su periplo hasta la Basílica Mayor, donde fue recibida por la Conferencia Episcopal. Los obispos en señal de fraternidad hicieron un servicio ecuménico con las otras iglesias cristianas, con el rabino judío y el muftí musulmán, La Copa fue proclamada por los líderes religiosos como Hacedora de la Paz y Obra de Dios,  sacada en procesión alrededor del Parque Central para luego ser traslada al Palacio de los Deportes donde permanecería en capilla ardiente por siete días, al cabo de los cuales dejaría el suelo patrio, con el dolor de todos.

En el Palacio de los Deportes al entronizar la Copa pronunciaron palabras imperecederas el presidente de la Liga Nacional de Fútbol y el historiador de la ciudad quien marcó la fecha como señera en la historia contemporánea de nuestra capital y cerró sus palabras citando al gran historiador inglés Eric Hobsbawn en su obra  La Historia del Siglo XX al referirse el fútbol: “Quién podría negarle la calidad de arte quien haya visto al equipo brasileño en sus días de gloria?….Este juego sencillo, elegante, con unas normas y una indumentaria poco complicada, que se podía practicar en cualquier espacio  más o menos llano, de las medidas adecuadas se abrió camino en el mundo por méritos propios y, con la creación del Campeonato del Mundo en 1930 (en la que venció Uruguay) pasó a ser genuinamente internacional”.  El Palacio de los Deportes tendría expuesto el magno trofeo en horario normal de ocho de la mañana a cinco de la tarde, pero las largas filas de gente esperando obligaron a mantener abiertas las puertas en horario extraordinario. Allí llegaban enfermos terminales a tocarla con la esperanza que les devolviera la salud, políticos que le rogaban una victoria electoral, empresarios al borde de la ruina en pos de un golpe de suerte, universitarios en busca de ideas brillantes para su tesis de grado, jovencitas que querían  matrimoniarse, matrimonios en problemas que buscaban la solución a sus asuntos maritales, capitanes de equipos siempre derrotados pedían por una victoria en la liga, escritores en procura de una editorial de prestigio, fanáticos que querían un recuerdo de por vida –la foto para perennizar el momento mágico que luego colgarían en la sala de su casa- glorias perdidas del deporte que querían recuperar su lustre, narradores deportivos, soldados, maestros.

La fila de personas que apretando su mágico boleto esperaban pacientemente para poder entrar al Palacio de los Deportes, empezaba desde las cinco de la mañana. Todo el sistema de transporte público de la capital se había reordenado para facilitar la llegada de los afortunados hasta el lugar y con sólo presentar el boleto de entrada, el transporte en buses, microbuses y ciertas líneas de taxis era gratuito.

En las afueras del Palacio se arremolinaban las vendedoras de pan con pavo, tortillas con frijolitos molidos, sándwich de jamón y queso, allí se encontraban  enchiladas, dobladas de pollo y queso, tacos de todas clases, chicharrón con yuca, refrescos de toda clase;  vendedores de accesorios de celulares, de recargas electrónicas,  de gorras y sombreros para protegerse del solazo inclemente, gitanas que tiraban las cartas del tarot para leer el futuro y vaticinar el equipo ganador del próximo Mundial.

Las noticias de los milagros que había obrado la Copa asombraron al país, devolvió la motricidad a un paralítico, el habla a un ciego y la vista a un mudo. Ediciones especiales de los periódicos inundaron calles y plazas, las radios y televisoras sólo de eso hablaban. Entonces empezó el descontento.

Los sindicatos más radicales y partidos de oposición acusaron al gobierno de usufructuar políticamente la llegada del máximo galardón futbolístico  al país.  Aquellos que no se vieron beneficiados con premio alguno de la Lotería de los boletos para ver La Copa cayeron en la cuenta que solamente personas afines al gobierno habían sido premiados. En los medios de comunicación  empezaron las denuncias de los gastos excesivos en que el gobierno había incurrido, desde el subsidio al transporte colectivo hasta la recepción con que recibió el Primer Mandatario a los dignatarios de la F.I.F.A. con asistencia del Cuerpo Diplomático  y Gabinete de Gobierno, más los representantes del Deporte Federado y las Directivas de todos los clubes de fútbol de Primera División, donde corrió el champagne de la Viuda de Cliquot y toda clase de licores finos, bocadillos de langosta y otras finuras, mientras en la zona occidental del país la sequía tiene al borde de la hambruna a miles de campesinos, la roya había hecho estragos en las plantaciones de café y el precio de las naranjas había caído en el mercado mundial.

Eso fue el detonante para que las personas que querían ver la Copa y no tenían el dichoso boleto apedrearan los autobuses donde viajaban los dueños del mágico papelito. Las fuerzas especiales de la policía acordonaron el Palacio de los Deportes, pero las trifulcas se extendieron por toda la capital. La sede de la Liga Nacional de Fútbol fue asaltada por una turba furiosa que saqueó las oficinas, destruyó el mobiliario y luego prendió fuego al edificio. En una de las computadoras portátiles robadas encontraron la evidencia que el sorteo de los boletos de entrada al Palacio de los Deportes estaba amañado, la lista de los beneficiarios con los boletos, todos eran activistas del partido oficial y allí empezó a arder Troya.

Los que querían entrar sin boleto se convocaron por las redes sociales a protestar frente al Palacio Presidencial. La Plaza de la República se llenó de manifestantes que portaban pancartas, banderas de sus clubes de fútbol. El estruendo que armaban con las vuvuzuelas se mezclaban con las airadas consignas: ¡QUEREMOS  LA COPA!! Mantas que expresaban: ¡HABRÁ COPA PARA TODOS O NO HABRÁ PARA NINGUNO!!  ¡COPA CON TRANSPARENCIA O CAE LA PRESIDENCIA!!!

La respuesta del Primer Mandatario se transmitió a la nación en cadena nacional de radio y televisión. Negó todas las acusaciones y acusó directamente a ciertas ONG´s internacionales defensoras de los derechos humanos, que en complicidad con los ambiciosos políticos de la oposición que no tenían el suficiente respaldo popular para ganar limpiamente una elección, recurrían a  trucos sucios para empañar su imagen de demócrata dedicado. Daba dos horas a los revoltosos para que abandonaran la plaza. La saturación de las redes sociales fue tremenda, los mensajitos de celular volaron por miles. A la media hora “los sin-boleto” –que así se autodenominaron- por varios cientos  habían rodeado el Palacio de los Deportes impidiendo el acceso de los que tenían el preciado pedazo de cartulina.

A la hora de haberse pronunciado el discurso presidencial tanquetas y transportadores blindados de tropas cerraron las boca-calles de acceso a la Plaza de la República. Ni que esto fuera la Plaza Tahir de El Cairo dijo con ironía, uno que arengaba a la multitud con un megáfono. A las dos horas exactas una nueva cadena de radio y televisión transmitió el Decreto Presidencial refrendado por el Consejo de Ministros que suspendía las garantías constitucionales.

Las tropas antimotines descendieron de los blindados al caer la tarde  y las granadas lacrimógenas volaron por decenas hacia todos los rincones de la plaza. Los manifestantes no tenían escapatoria. Cuando quisieron huir en las esquinas los cargaron a bastonazos, mientras expertos francotiradores abatían con balas de goma a los dirigentes de la multitud. Cientos fueron metidos a camiones cerrados y llevados a lejanas unidades de policía, cárceles preventivas y otras instalaciones gubernamentales, donde les desnudaron, entregaron a manos de presidiarios para que los vejaran sexualmente y después los alineaban en el patio de la instalación para que  los presos pateaban bolas de fútbol contra ellos. Con las mujeres fueron particularmente sádicos. A los que rodeaban el Palacio de Deportes les cayeron los policías del Destacamento Rápido para Garantizar el Orden Nacional (DRAGON). Varios manifestantes ingresaron con graves fracturas a los hospitales. Las fotos y videos de la represión inundaron las redes sociales. En el extranjero las noticias eran alarmantes. La F.I.F.A. insinuó que la visita de la Copa al país podría acortarse.

La respuesta popular fue rápida, silenciosa y muy eficaz. Al día siguiente de los sucesos, cuando los empleados municipales acaban de limpiar la Plaza para dar una imagen de normalidad, miles de personas la invadieron y acamparon en ella, en el mejor estilo de la Primavera Árabe. Igual cosa ocurrió en las plazas de las principales ciudades del país. El gobierno continuó  su campaña denunciando la conspiración de que era víctima: canallas a sueldo que querían desestabilizar el país, políticos ambiciosos que querían llegar al poder por cualquier medio.

Los poseedores de los boletos se organizaron en piquetes de choque para hacer valer su derecho y cargaron contra los manifestantes mientras las fuerzas del orden se hacían de la vista gorda. Nubes de guerra civil se cernían sobre el país cuando entraron en acción los que no estaban invitados. En medio de las trifulcas que tenían lugar frente al Palacio Presidencial y el Palacio de los Deportes cayeron bien organizados y siguiendo un plan de batalla previamente trazados los miembros de la Mara Charamusca, una organización de pandilleros que contaba con sesenta mil jóvenes entre sus filas empujados por el desempleo galopante, dedicados a la extorsión, al narcomenudeo, secuestro-exprés y otras actividades delictivas.

Las clicas de la Mara dieron buena cuenta de policías, de los dos bandos en lucha, entraron como el rayo en el Palacio de los Deportes y se apoderaron de La Copa. Cuando se percataron los contendientes ya los mareros se llevaban la dorada estatuilla a un destino incierto. Todos los que hasta hace unos momentos se estaban partiendo la cara por el derecho a entrar al Palacio de los Deportes se repusieron de su estupor e iniciaron una multitudinaria persecución de los mareros, quienes astutamente habían establecido un sistema de relevos para cumplir su cometido. La policía se sumó a la persecución y pasó de la loca carrera detrás de los mareros gritando: ESTA ES LA POLICÍA, DETÉNGANSE ALLÍ a volar balazos a diestra y siniestra. La Copa se perdió en los callejones de los barrios marginales de la ciudad.

Se organizó una gran batida de fuerzas combinadas del ejército y la policía para encontrarla. Todos los medios de comunicación reaccionaron airados por la profanación de tan importante símbolo de la paz mundial. El Congreso emitió una declaración aprobada unánimemente por todos los diputados exigiendo la inmediata devolución del magno trofeo; el Presidente hizo una declaración con el rostro contrito, amenazaba a los mareros y les prometía perdón si la devolvían, en las redes sociales se insinuó la entrega de una recompensa a cambio. Los medios internacionales fustigaron con toda clase de epítetos al país, mientras casa por casa soldados y policías buscaban La Copa. Ésta no apareció.

La F.I.F.A. expulsó al país de todas las ligas internacionales de fútbol y desconoció a las autoridades nacionales del deporte. Nuestro país fue condenado por la Asamblea General de las Naciones Unidas y los préstamos del Banco Mundial le fueron negados, las naciones más importantes del mundo retiraron a sus embajadores y redujeron sus misiones diplomáticas a su menor expresión.

La Copa nunca fue encontrada, ni la encontrarán jamás porque la tengo yo. Soy un profesor de historia desempleado. Tengo un Doctorado en Historia por la Universidad de Santo Tomás del Nance, mi especialidad es la Historia del Imperio Bizantino y perdí mi cátedra cuando cerraron la carrera de Humanidades donde daba clases. Busqué trabajo por todos lados pero el boom de la computación y el internet mató a las Humanidades, al menos en este país. Ensayé de todo y no me fue bien en nada. Mi mujer me dejó por otro con un récord crediticio mucho mejor que el mío. Mis hijos emigraron a Estados Unidos detrás del sueño americano.

El Banco me quitó la casa cuando no pude seguir pagando la hipoteca. Vendí los muebles, los cuadros y fui vendiendo mi biblioteca en una feria de libros usados que se instalaba una vez al mes en una de las plazas de la ciudad. Con lo de los cuadros y los muebles compré un terrenito en las afueras de la ciudad, en una zona donde poco a poco fue creciendo un barrio marginal que sumaba unas doscientas mil almas.  Allí faltaba de todo, casi no había agua potable, las precarias casas no tenían servicios higiénicos, las moscas se enseñoreaban del lugar con las primeras lluvias y desaparecían en la estación seca. Las maras llegaron para nunca más abandonarlo

Desde allí salía yo a vender cualquier cosa en los semáforos de las calles principales de la ciudad. Bolsitas con agua en los días de calor, gorros de Papá Noel en las navidades, bufandas los días de frío, lapiceros en la entrada de clases. Salía con mi mercancía desde la madrugada y regresaba ya entrada la noche. El día  del asalto marero al Palacio de los Deportes regresé particularmente cansado a casa.  No habían buses y tuve que dar un largo rodeo a pie para evitar la zona de disturbios pues temía que me robaran las bolsitas de maní que andaba vendiendo. Llegué a mi casucha y sin cenar me acosté con la ropa puesta.

En la mañana siguiente salí al patio para mi aseo diario y vi el reflejo de un objeto metálico en un charco de agua jabonosa que se formaba en el canalito   detrás de las cuatro tablas mezclada con plástico negro que me servían de cuarto de baño.  La curiosidad me impulsó a tomar el palo de una escoba y remover el canal de agua servida y allí estaba.

A mí no me gusta ni el fútbol ni deporte alguno, ratón de biblioteca fui toda mi vida. El asunto de la llegada de la Copa del Mundo al país me pareció un circo de la peor especie, al menos en los días de la Roma Imperial la entrada al Circo Máximo a contemplar los espectáculos de gladiadores era gratuito al igual que las carreras de carros en el Hipódromo de Bizancio. Escribí un artículo declarando mi razonada y sesuda oposición a ello, pero fue rechazado por todos los  periódicos del país.

Miré para todos lados, ningún vecino estaba levantado a esa hora, seguro todos participaron en las trifulcas del centro de la ciudad en uno y otro bando. En la esquina, a media cuadra de mi terreno el cadáver de un pandillero adornaba el paisaje, seguro era el que llevaba la Copa y alcanzado por un balazo no tuvo aliento para entregarla a su relevo y la estatuilla rodó hasta caer en el canalito de agua sucia de mi terreno. Tomé el trofeo, lo envolví bien en dos bolsas plásticas, luego lo até bien con un fuerte cordel de nylon y lo dejé caer en la letrina donde hacía mis necesidades. Cuando escuché el ruido que hizo al hundirse en el excremento tomé la punta del cordel y lo até en un clavo que previamente había clavado en la parte interior del asiento de madera de la letrina.

Los efectivos combinados del ejército y la policía registraron minuciosamente toda la ciudad. Nunca encontraron La Copa. De vez en cuando la saco de la letrina, para mí solo tiene el valor de un artefacto antropológico, la contemplo, reflexiono sobre lo efímero de la gloria y la vanidad humana y la vuelvo a sumergir en la mierda.

Alejandro Bravo

Febrero 2014

Nueva Guatemala de la Asunción

 

 

 

 

 

 

LAS DOS ESPOSAS

El Cementerio de la  Verbena tiene forma de bota. No como la Bota de la Península Italiana, que es una bota de mosquetero, de fino cuero  y tacón alto. Esa es una bota elegante, de alcurnia que le dicen. La bota de La Verbena es una bota de trabajo. No es alta como la  aristocrática italiana, bota  diseñada para dar soporte en el arte de la equitación que mezclado con los principios básicos de  la esgrima, forman la columna vertebral de la militar especialidad de la  caballería.  La bota de La Verbena es la bota de un soldado raso de las fuerzas norteamericanas que invadieron Irak a las órdenes de Bush el Joven. [1] Ese  cementerio adquirió notoriedad en la época que la historiografía guatemalteca contemporánea denomina como “el conflicto armado interno”  porque aquí venían a tirar los cuerpos de los inconformes con el sistema que  aparecían con las manos atadas en la espalda, señales de tortura y que en vida fueron líderes estudiantes, sindicalistas, líderes barriales, dirigentes indígenas, profesores universitarios, poetas o simplemente sospechosos de serlo.

El Cementerio de la Verbena está ubicado en la zona siete de la Ciudad de Guatemala.  Es propiedad del Estado Guatemalteco, –res pública– es de aquellas propiedades que se rigen por una mezcla de normas jurídicas:

  • El Derecho   Público, en tanto derecho administrativo manifestado en el Código de Salud y reglamento de cementerios.

 

  • El Derecho Civil en cuanto al Registro Público de la Propiedad Inmueble

 

  • El Derecho de Familia en tanto al que se va a enterrar o desenterrar tiene parientes…si no los tiene el Estado es su pariente más cercano. Se convierte en el personaje más importante de la vida  nacional, porque si el Presidente de la República es el funcionario de mayor importancia y mejor pagado toda  la burocracia estatal,  al disponer el Estado de los despojos mortales  de los cuneteados, de los no reclamados, de los que murieron sin nombre y apellidos, de los olvidados, de los que están debajo de la línea de pobreza –para decirlo en  el lenguaje aséptico del Banco Mundial- y ser  enterrados por cuenta del erario público  en La Verbena como XX, convierten su sepelio en un funeral de Estado

 

  • El Derecho Penal, en cuanto la inviolabilidad de los cementerios. La apertura de una tumba es una actividad anti-jurídica. En tanto su ejecución precisa de la autorización previa de una autoridad judicial.

Ese era un día con poco viento en noviembre del año 2007. Nos constituimos los siguientes funcionarios en la Ciudad de Guatemala, en el cementerio de La Verbena, ubicado en la zona 7 de esta ciudad capital  según el Memorial que yo les pasara a las otras instituciones públicas  y que se detallan a continuación:

Yo, el Fiscal. El Oficial de Trámite de la Fiscalía, Vicente Villatoro, un sufrido indígena quiché que se quiso superar, viajó a la capital donde  trabajó de albañil, experimentó privaciones, entró la Universidad de San Carlos y se sentía discriminado  por pobre y por indígena, cerró pensum pero nunca se graduó, hombre muy cumplidor con su trabajo y puntual para el trago.

La viuda  acompañada de un vehículo de una funeraria con un ataúd de zinc y otro de madera  en los que iban a reposar los restos del marido. El fotógrafo del equipo de la Fiscalía que debía documentar el proceso de exhumación.

Dos policías para garantizar el orden público. El encargado del cementerio. El médico forense y el odontólogo forense. Un delegado del Ministerio de Salud para velar porque el cumplimiento con la normativa relativa a la exhumación, que se metan los restos en el ataúd de zinc y se selle  éste soldándolo con acetileno. La cuadrilla de enterradores, cinco tipos que se ganaban la vida enterrando a los que a diario llegaban de inquilinos de La Verbena y a veces desenterrando cadáveres como el que hoy nos convocaba.

El Oficial de Trámite  inició el levantamiento del Acta indicando que en cumplimiento de orden judicial y de conformidad a los artículos 116 y 117 del Código de Salud y artículo 41 del Reglamento de Cementerios y Tratamientos de Cadáveres, estábamos reunidos en tiempo y forma para proceder a la exhumación del que fuera el ciudadano guatemalteco Darío Gómez, nacido en Palín, Escuintla, de oficio albañil, domiciliado en  La Florida, zona 19 de esta ciudad capital, casado con Domitila Xoj, quien solicitó la exhumación.

En ese momento Yo, el Fiscal, recordé cuando llegó la viuda a mi oficina, en el 4º piso del edificio de 8 plantas que ocupaba el Ministerio Público en la 8ª avenida 10-27 de la zona 1, donde antes estuviera la sede del Banco Inmobiliario. Mi despacho  era la agencia 18 de la Fiscalía  Distrital Metropolitana, la mujer toda compungida se paró en la puerta  y me preguntó que si yo era el Lic. Renato Palencia, al contestarle que sí y preguntarle qué quería, me dijo que la mandaban de la policía y que quería exhumar a su marido, al que yo había mandado a enterrar como XX en el cementerio de La Verbena.

La hice sentarse y me contó entre sollozos, como suelen hablar las mujeres de nuestro pueblo en sus momentos de dolor,  que tenía diecisiete años de casada con Darío  Gómez, a quien le tenía cuatro hijos, una hembra y tres varones, me estiró un papel amarillento, una Certificación de Matrimonio del Registro Civil de la Municipalidad de Palín que hacía constar que habían contraído nupcias el 29 de agosto de 1991. Se habían venido de Palín a buscar una mejor vida en la capital, sobre todo porque en el oficio de él, que era albañil, aquí había muchas oportunidades. Que él no era mal marido, pero que le gustaba el trago y de cuando en cuando se perdía de la casa, pero que nunca lo hacía por más de quince días. Cuando ya pasó de esa fecha lo empezó a buscar, fue a los dos hospitales públicos,  al Roosevelt y al San Juan de Dios, fue a las distintas Comisarías de la Policía y nada. Los Bomberos Municipales le sugirieron que fuera al Gabinete de Identificación de la Policía. Allí  llevan un álbum de fotos de todos los muertos sin dueño: de los borrachitos que amanecen tirados en cualquier calle de la ciudad, de los puñaleados por asuntos de amores, de los tiroteados para robarles la cartera En el Gabinete Policial la mujer identificó a su marido en la fotografía que tomaron cuando llegaron a hacer el levantamiento del cadáver que encontraron en una de las calles adyacentes  a la Estación Central del Ferrocarril en la zona 1. El dictamen del médico forense determinó que había muerto de intoxicación alcohólica. Le habían robado los zapatos y la cartera. Al no tener identificación y habiendo pasado el término legal establecido para que los familiares reclamaran el cuerpo, Yo, el Fiscal, mandé a que lo enterraran en La Verbena por cuenta del Estado Guatemalteco como persona difunta no identificada, mejor conocida como XX.

Los sepultureros apilaron hojas de eucalipto y ramas de cerezo para pegarles fuego en el momento en que encontraran el cadáver y luego empezaron a remover la tierra. Imaginé el viaje de Darío desde la morgue del Organismo Judicial hasta el Cementerio,  en una bolsa plástica tirada en la palangana de una camioneta  pick up Nissan toda desvencijada, con un impreciso color que le había dado toda la sangre coagulada y los humores de los miles de cadáveres que había transportado en su vida útil, nunca había recibido la bendición de una lavada y la fértil lengua del pueblo había bautizado como “La Chocolatera”.

Cuando los sepultureros llevaban unas cinco cuartas de tierra excavada, supusieron que el cadáver se encontraba muy cerca y encendieron las hojas de eucalipto y las ramas de cerezo para que la humazón confundiera a los zopilotes que revoloteaban en el basurero vecino. Luego de cinco minutos más de  trabajo de picos y palas dieron con la bolsa plástica. La amarraron con sogas y la subieron donde nos encontrábamos las autoridades.

Cuando la bolsa plástica chocó contra el suelo,  se pudo escuchar un plaff, el sonido  de los líquidos de la putrefacción del cadáver agitándose en su interior y me preparé para lo que venía. Yo, el Fiscal ya estaba curtido por tres años de trabajo levantado cadáveres de acuchillados, atropellados, envenenados, baleados, asfixiados, quemados, ahogados, estrangulados, macheteados, a golpes,  recién muertos, muertos de varios días semi-devorados por los carroñeros y las hormigas, pero la pestilencia que se sintió cuando abrieron la bolsa de plástico negro que contenía lo que fue Darío Gómez no tenía parangón, me recordó un cuento de terror de un escritor yanqui llamado Lovecraft de un libro que me prestó un amigo en la Universidad, el cuento  se llamaba La Criatura tras la Puerta y que describe lo que mi sentido del olfato percibió en ese momento: “casi me desmayé al recibir en pleno rostro un soplo tremendamente hediondo…titubeando bajo el hedor intolerablemente fétido y mórbido…”

El tipo tenía más de cuatro  semanas de haber muerto y enterrado. Su cuerpo ya estaba  en estado de putrefacción avanzada, el médico forense que llegó hasta donde estaba roció el rostro con agua para retirar los gusanos que se alimentaban con las carnes en descomposición y reconocer en lo posible las facciones del difundo, comparándolas con las fotografías que aportó la viuda en el momento de solicitar la exhumación, leyó la descripción de las ropas que rolaban en el Acta que se levantó al momento de la muerte, vio que coincidían y dijo con voz fuerte, ES ÉL. Cedió su lugar al odontólogo forense quien abrió las mandíbulas del occiso, comprobó que los emplastes que tenía coincidían con los descritos en el Acta de Levantamiento del Cadáver. ES ÉL dijo con voz fuerte para que el Oficial de Trámite de la Fiscalía anotara en el Acta que estaba levantando.

Me coloqué en la punta de la bolsa donde se veía la cabeza del occiso. Los restos habían perdido masa y la rigidez cadavérica había cedido paso a la putrefacción activa. El rostro del cadáver estaba agujereado por la alimentación voraz de las cresas, las manos que se habían acomodado sobre el pecho en el momento de meterlo en la bolsa, saltaron al abrirse ésta producto de la acción de los gases  dando la impresión que el muerto quería defenderse de algo,  los fluidos expelidos por la descomposición se acumularon alrededor del cuerpo, encerrados en la bolsa no fueron absorbidos por la tierra y el cadáver flotaba como una isla en su propia licuefacción pútrida.

Vaya, lo quería la mujer al borrachito éste. Ni bonito que era y se le perdía hasta por 15 días de cuando en cuando y ella está gastando hasta lo que no tiene para darle una sepultura decente. QUE VENGA LA VIUDA A IDENTIFICARLO dije con voz fuerte para que el Oficial  de Trámite lo anotara en el Acta. Una voz sonó a mis espaldas. Aquí estoy Licenciado. Me volví sorprendido, porque enfrente de mí, como a unos treinta metros de donde yo me encontraba podía ver a Domitila Xoj. Pero Usted no es la viuda, le dije a la mujer blanca que avanzó hasta el costado del cadáver. Claro que sí, me llamo Amanda Martínez y estaba casada con éste, dijo señalando al cadáver y me extendió una copia del Certificado de Matrimonio, donde constaba que  Darío Gómez y ella se habían casado el 10 de septiembre de 1999.

Donde la otra mujer oyó y vio lo que me dijo la Martínez se dejó venir de donde estaba y se colocó al otro lado de la bolsa, con los ojos chispeantes de ira me dio con voz fuerte: YO SOY LA ESPOSA, LICENCIADO!! YO solicité la exhumación de mi marido!!. Los demás que estaban trabajando dejaron sus tareas y  concentraron su atención en  los gestos y palabras de Domitila Xoj.

Qué va Licenciado, ripostó la otra. Quién sabe quien será esta zorra que se quiere robar los restos de mi marido. Aquí están los hijos de Darío. Vi entonces que detrás de la mujer, agarrados de sus naguas estaban dos patojos, como se les dice en Guatemala a los niños, un varoncito y una niña, como de cuatro y cinco años, con las caras largas de tensión y miedo.

Zorra yo? Dijo Domitila, la puta sos vos. Yo soy mujer casada y honrada, quién sabe de quién son esos patojos y se los metiste al finado por suyos. Mande que saquen a esta desgraciada de aquí Licenciado. Y estos son los legítimos hijos de Darío, y aun gesto suyo aparecieron tres patojos y una adolescente de unos quince años de buen ver.

A mí nadie me dice puta, menos una india cerota como vos, dijo la Martínez queriendo hacer prevalecer la pigmentocracia que ha dominado en Guatemala desde los días de la conquista española.

El insulto racista le caló hondo a Domitila que pasó de las palabras a la acción y estirando sus brazos por encima de la bolsa plática y el cadáver maloliente del esposo de las dos mujeres y agarró del pelo a la Martínez. Ya vas a aprender a respetar a la gente, puta desgraciada, dijo la Xoj. Amanda Martínez demostró que  tampoco era manca y a su vez agarró del pelo a Domitila.

El forcejeo duró varios minutos. Todos contemplaban con estupor el pleito de las dos mujeres por los restos en proceso de licuefacción de Darío Gómez, el albañil que estuvo legalmente casado con dos a la misma vez, cometiendo el delito de bigamia, padre de seis hijos, en parte presente, en parte ausente de la vida de todos, siempre presente en cantinas y tugurios que lo llevó a morir de intoxicación alcohólica en una acera de Guatemala y a ser enterrado como XX.

Me dio miedo que el forcejeo de las dos esposas las llevara a caer sobre la bolsa plática y a esparcir su contenido nauseabundo por los aires llenándonos a todos  los presentes de los restos pútridos del bígamo Darío. ORDEN, ORDEN dije y llamé a los Policías haciéndoles un gesto con la voz más autoritaria que pude: SEPAREN A LAS SEÑORAS!!

Los uniformados las separaron mientras que las mujeres se insultaban.  Unos minutos después la Martínez dijo: Me voy, allí te dejo esa mierda!! Dio un paso hacia el muerto, le escupió en el rostro y le dijo Maldito, te dí lo mejor de mi vida y me engañaste desde siempre..más engusanado debiera verte, desgraciado!!! Vámonos hijos y dio la vuelta en dirección a la salida del cementerio.

Domitila Xoj reaccionó diciéndole a la otra: Yo no quiero mierdas de segunda, si tanta es tu necesidad hartátelo vos, llevátelo a tu casa y metételo donde te hizo gozar. Yo nada quiero saber de este maldito, borracho, mal marido, que se pudra solito. Y con gesto imperativo pateó la bolsa con los restos de Darío, lo escupió en el rostro y cerró sus actos con la frase lapidaria, no merece mis lágrimas este cerote desgraciado.

La otra hizo un alto y le dijo a Domitila: tenés razón hermana, nos engañó toda su vida y hasta en la muerte, no merece que nosotras nos peleemos por un pedazo de mierda como éste. Se tomaron de los brazos y con paso digno se encaminaron a la salida del cementerio, juntas en el engaño de que fueron víctimas, juntas contra el machismo sufrido, liberadas del dolor, seguidas por sus hijos, que contemplaban a sus otros hermanos por primera vez, juntos todos a abrirse paso en la vida, dejando atrás la mentira y la muerte.

Yo, el Fiscal me repuse de la sorpresa viendo a todos los que acompañaban el proceso exhumatorio: policías, forenses, enterradores, empleados del cementerio,  al Oficial de Trámites que con un gesto de las manos sobre pequeña tabla donde apoyaba los formularios del Acta de Exhumación como preguntando: ¿Y esto lo pongo en el Acta?

Los empleados de las funerarias contratadas preguntaron qué hacer y las dos esposas les dijeron al unísono: Vaáyanse, Yo  no estoy pagando por enterrar a este pedazo de mierda.

Antes que se perdieran de vista les grité: ¿Y yo qué hago con esto? Señalando la bolsa abierta y el cadáver putrefacto.

Por toda contestación escuché que me decían en tono burlesco:

DÉJESELO A LOS ZOPILOTES, LICENCIADO!!!

 

Alejandro Bravo

 

Guatemala/31 de marzo/2014

 

 

 

[1] Nadie describe mejor al Cementerio de La Verbena que el Blog  de James Rodríguez http://www.mimundo-fotorreportajes.org/2010/09/exhumaciones-en-la-verbena-llego-la.html

Nuevo cuento I

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