INOCENCIA SIDERAL

 

a Vicente Ubau

Me sorprendió la llamada de la Tere. Teníamos varios años de no saber nada el uno de la otra, desde los días en que trabajamos juntos en el desaparecido Ministerio de Cultura de los años de la Revolución. Después de los saludos de rigor con el “ideay niñó, cuánto tiempo, qué ha sido de tu vida” pasó a contarme que estaba trabajando en un negocio de su familia en la ciudad de Rivas, al sur del país, que me llamaba porque su gente tenía un problema delicado y que sólo yo podía ayudarle a resolverlo, que había removido cielo y tierra para dar conmigo porque para ella yo era el mejor abogado del mundo.

Agradecí su confianza pero le dije que no podía, que estaba de tiempo completo en la universidad, entre la docencia y la dirección de la editorial universitaria no me quedaba ni un momento para dedicarlo a los tribunales. Prefería no aceptar un caso,  por bien pagado que fuera a quedar mal con el cliente.

Me preguntó con cierta angustia en la voz si conocía a alguien que le pudiera llevar el caso. Era algo muy delicado en que se había metido un sobrino suyo. Mujer, pero si tenés a Inocente, ese está litigando y es tronco de abogado. ¿Cuál Inocente? me preguntó con asombro.  Pues Chente, mi compadre. Percibí que no caía en la cuenta. ¡¡Don Buzón!!! casi le grité. Ahh, ya me acuerdo, el que trabajaba con vos. Ese mismo, le dije, tiene bufete instalado y le dí el número del despacho jurídico.

Inocente de Jesús Marenco, mi compadre, mi amigo, mi hermano del alma, mi profesor de manejo y de mañas en la vida, el mago de la mecánica automotriz, el zar de la baraja, el hombre que se las sabía todas, el defensor de las causas difíciles y desesperadas, el más buzo entre los buzos: ¡¡Don Buzón!!!

Inmediatamente llamé a mi compadre para alertarlo: Hay te va a llamar la Tere. ¿Cuál Tere? Aquella cuate que trabajaba en Artesanías  del Ministerio de Cultura, la que era la más hermosota allí. Ahh, la Tere esa, y qué le pasa? No es ella, es un sobrino el del clavo. Yo creo que está metido en una violación. Mire compadré, yo no defiendo ni a narcos ni a violadores, me dijo muy serio. Es muy feo decirle que nó, así de golpe, ha sido buena amiga nuestra y está afligida, acordáte que no tenía hijos y hablaba a cada rato de sus sobrinos. ¿Y qué hago, qué le digo cuándo me llame? Noté preocupado al compadre.  Cobrále un montón de plata, así se va a correr ella sola. ¿Cuánto? Mil dólares dije rotundo y corté el hilo de la conversa.  A las dos horas suena un telefonazo en mi oficina. Era Don Buzón. Escuetamente me dijo: ¡¡Ya me vino a dejar el dinero¡¡

Mi compadre y yo habíamos cursado juntos la carrera de derecho. Vivimos en la misma casa de estudiantes en León, nos desvelamos con el mismo grupo de estudio analizando la norma jurídica como un silogismo categórico hipotético, bebimos en las mismas cantinas y nos enamoramos platónicamente de la misma compañera de aula. Cuando me nombraron como asesor legal del Ministro de Cultura me llevé a Don Buzón a trabajar conmigo y el día que las elecciones pusieron fin al proceso revolucionario abrimos juntos un despacho jurídico. Me cansé de la práctica forense, del stress que te pegan los clientes con su propio stress y conseguí trabajo en la universidad, él se quedó litigando solo.

A los días me llamó Don Buzón para darme noticias. El tal sobrino era culpable de la violación. Estaba metido hasta el cuello. Mi compadre fue parte en la fase indagatoria del juicio, revisó el expediente policial, entrevistó testigos, leyó de atrás para adelante el dictamen del médico forense, habló con la policía, interrogó largamente al acusado. No tenía dudas: !! El fue!!!

¿Y ahora que va a hacer compadre? Defenderlo, y qué más. Si ya me pagaron por adelantado, por tu tal consejo. Además la Constitución dice que todo el mundo tiene derecho a un juicio justo  y que todo acusado se presume inocente hasta que no exista una sentencia firme en su contra emanada de un tribunal competente.

Yo siempre comparé al juicio por jurados con una corrida de toros. Una corrida de las de verdad, de las españolas o mexicanas, con toreros en trajes de luces, picadores, banderilleros, una plaza llena de gente que entiende de la faena. No esas barreras todas mal hechas y malolientes de nuestro país, donde sortean al toro un montón de borrachos con trapos rojos y el más aventado de todos se monta en el animal mientras la música de los chicheros resuena estruendosa con canciones como La puta que te parió, Ese toro no sirve, la Mama Ramona.

Para mí el torero es el defensor, el toro la Fiscalía y el público el jurado. El torero debe hacer de picador frente a los testigos, de banderillero con la Fiscalía  y luego de pases y pases y pases con la muleta, hacer su alegato  final, para matar con el bruñido estoque y obtener la absolución de su defendido, saliendo a veces en hombros entre las aclamaciones del público.

Con todas las pruebas en contra del muchacho pensé que mi compadre iba a dejar pasar a la Fiscalía, en la fase plenaria del juicio, como el torero que ve venir al toro bufando con la testuz apuntándole para ensartar al hombre en la ingle y alzarlo con la cornamenta revolviéndolo en ese acto para abrir más la herida y ensartar a fondo el cuerno, agachar luego la cabeza para lanzarlo al suelo, allí rematarlo a cornadas y  golpes con las patas. Cuando el animal cree que va a lograr su cometido el torero se da media vuelta, hace el pase con la muleta y el toro se queda burlado con sus intenciones homicidas. Así imaginaba a Don Buzón con respecto a los alegatos de la Fiscalía.

Luego se pararía de frente al jurado, haría un emotivo discurso, ya como matador que agita la roja capa con la mano izquierda, sostiene firme el estoque con la derecha alzándose sobre las puntas de los pies –como si bailarín de ballet fuera- y llamando quedamente “toro, toro” para que la bestia baje la cabeza en gesto de ataque, dar un salto casi imperceptible para clavar el acero más allá de los pitones de la bestia, así acabar la faena entre los aplausos del público y un OLE gritado a todo pulmón.

No me preocupé por  preguntar a  Don Buzón por su alegato de estrado. El caso de por sí no me gustaba para nada pero conocía a fondo a mi compadre. Sabía que él era un excelente improvisador. Que con sólo ver los rostros y la ropa de los jurados los clasificaría según su origen social y así haría fluir el torrente de sus palabras para sumergirlos en razonamientos sensibleros o argumentos científicos, según el caso, para que los jurados emergieran de la correntada verbal y no tuvieran más opción que emitir un veredicto absolutorio.

Supe que los familiares de la Tere habían difundido en su ciudad el rumor que  contrataron para la defensa del muchacho a un jurista de altísimos vuelos, un pensador de la ciencia penal que hacía que el gran Eugenio Cuello-Calón fuese un aprendiz a su lado. La Fiscalía no tendría oportunidad frente a tal contrincante, el acusado estaba prácticamente libre.

No supe nada más del caso. Me dediqué a la edición de la revista oficial de la universidad con verdadero ahínco. A revisar la diagramación, a corregir pruebas, a insertar adecuadamente las ilustraciones, a escoger el cuadro del artista plástico que ilustraría la portada, luego a discutir de tiempo con la imprenta y a preparar el acto de lanzamiento de la Tercera Época de la publicación.

Cuando hubo pasado el vendaval editorial se apareció  Don Buzón en mi casa. El hombre me pedía refugio seguro por unos días, mientras les pasa la chicha a los familiares de la Tere. Y que fue pues?

Me contó que el día del juicio se apareció con su secretario, impecablemente vestido con una guayabera de lino celeste, pantalón azul oscuro, maletín de cuero lustroso, el secretario cargaba gruesos volúmenes que todo el mundo supuso eran tratados del derecho penal, de criminología, de medicina forense y siquiatría.

Se encontró con una turba vociferante en la calle del juzgado contenida por policías anti-motines. Todas organizaciones de mujeres con mantas y pancartas que pedían la pena máxima para el violador. Cuando mi compadre se bajó de su vehículo lo abuchearon. Coreaban: PARA UN PAIS SIN VIOLACION: PEDIMOS CASTRACIÓN!!! O AL MENOS 30 AÑOS DE PRISIÓN!!!

Don Buzón entró sereno al edificio de la corte. Sus simpatías estaban con las mujeres en la calle, con la víctima del caso, pero por la amistad con la Tere, por el consejo que le dí de cobrar caro debía ser el malo de esta película.

Cuando llevaron al acusado en un vehículo policial, los ánimos se exaltaron en la calle, los anti-motines tuvieron que lanzar un par de granadas lacrimógenas para evitar que el mujeral enardecido entrara al recinto judicial.

Al entrar a la sala de jurados a Don Buzón le dio un vuelco el corazón. Todo el jurado estaba compuesto por mujeres y quien presidía era una jueza. En el aire revoloteaba una sentencia de culpabilidad, como una sombra de pesadilla para el defensor.

Se leyó la acusación: Delito de violación cometido en una menor de dieciséis años, secuelas de trauma sicológico. Quien representaba a la vindicta pública era también mujer, seguro una recién graduada que acusaba nerviosismo en sus actuaciones, pero que fue acumulando pruebas y pruebas en contra del acusado. Sacó antecedentes del tipo, acusaciones de abusos deshonestos, que no prosperaron porque la familia compró conciencias, despidos en los trabajos por haber acosado sexualmente a secretarias y empleadas de limpieza. Jodido pensó Don Buzón, todo eso me lo ocultó la familia de la Tere.

Don Buzón no quiso interrogar testigos. Dejó a la Fiscal en entera libertad para tirarse a matar en el alegato final. Allí el turno primero fue de la Fiscal, quien dijo a la Honorable Señora Juez y al respetabilísimo Jurado de Conciencia: Ved a este monstruo de la naturaleza, ojos torcidos de violador, pelo de violador, cara de violador. Una amenaza para la sociedad. El día que nació le tocó una teta a la enfermera que lo trajo al mundo, manoseó a la viejita que le enseñaba el catecismo. En su adolescencia lo expulsaron del Instituto Nacional por enseñar repetidamente sus partes pubendas a las muchachas en horas de recreo diciendo a gritos … aquí está el chorizo para que coman hotdog. Culminó su carrera criminal con la violación de una joven vendedora de cajetas y dulces de leche, sustento de una familia humilde, a quien además le robó el producto de su venta. Señora Jueza, señoras del Jurado, en momentos como éste no queda más que lamentar el humanismo de nuestra Constitución Política que prohíbe la pena de muerte, porque para este aborto de la naturaleza yo pediría que lo castren primero y luego le apliquen la pena de muerte para dar ejemplo a otros como él. Me tengo que contentar con pedir en nombre de la sociedad  la pena máxima establecida en nuestra legislación: treinta años de prisión inconmutables. Muchas Gracias!!! Afuera ovacionaron las que colmaban la calle, retumbó la consigna en el salón de la corte como una amenaza premonitoria: PARA UN PAIS SIN VIOLACION: PEDIMOS CASTRACIÓN!!! O AL MENOS 30 AÑOS DE PRISIÓN!!!

Don Buzón esperó pacientemente que terminara el aguacero de consignas y aplausos. Se dirigió a la  corte diciendo: Señora Juez, señoras del jurado. Mi defendido nació el 29 de noviembre de 1972 como lo demuestro con la presentación de su partida de nacimiento, la que pido que sea tenida como la prueba “A” de la defensa. Su secretario con suma diligencia repartió fotocopias del documento cuyo original entregaba mi compadre  al secretario judicial quien a su vez se lo pasaba a la Juez, la que lo leía con extrañeza sin comprender para nada en qué abonaba aquel papel en la defensa del sobrino de la Tere.

Don Buzón abrió uno de los gruesos volúmenes que había llevado y dijo en medio del silencio sepulcral que reinaba en la sala y en la calle: es de signo Sagitario, signo de fuego. Las partes del cuerpo que están influenciadas por este signo son los muslos, caderas, nalgas, hígado, ciático, sistema arterial, por su lado negativo son dados a la exageración, extremistas, descuidados, irreflexivamente optimistas, irresponsables, caprichosos, jugadores, charlatanes, argumentativos, imprudentes, de moral elástica, gusto exagerado por el riesgo, glotones, coléricos, fanfarrones, egoístas, ególatras, envidiosos, prepotentes, petulantes. El sexo es una extensión natural de su búsqueda y como amante Sagitario trata de encontrar respuestas en el placer. Los sagitarios son ardientes y cínicamente promiscuos. Su animal es el caballo, su planeta regente Júpiter.

Luego de la disertación astrológica,  Don Buzón dijo con voz grave: ahora voy a leer el horóscopo publicado en El Nuevo Diario el día de los hechos, el que pido sea tenido como prueba “B” de la defensa: Sagitario, no salgas de tu casa porque tu libido te puede llevar a cometer actos de los que arrepentirás por el resto de tu vida. El secretario de mi compadre con diligencia suma repartió las consabidas fotocopias entre las del jurado mientras mi compadre concluía: no es culpa del muchacho, fueron los astros los que lo empujaron a cometer ese hecho, él es de una inocencia sideral, pido que lo absuelvan!!!

Afuera tronaron las mujeres, entre indignadas unas y en risas otras mientras la presidente del jurado dijo que no necesitaban retirarse a deliberar, que el acusado era culpable. La juez mientras pedía orden, orden y daba martillazos, condenó al acusado a veinte años de prisión inconmutables.

Y cómo se le ocurrió eso compadré, le pregunté. Y que iba a hacer, si el tipo es culpable. Entonces me dije, tal vez alguien en el jurado cree en los astros y esas babosadas y puede enredar al resto y le dan una condena suave al muchacho. La familia estaba lista para llevárselo fuera del país ya me lo habían dicho y yo pensé que el tipo no iba a volar a otra parte, sino a violar en otra parte y que en un par de años su caso iba a salir como uno de los latinos condenados a la silla eléctrica o a la inyección letal en los Estados Unidos. Ahora téngame unos días aquí escondido. La familiares de la Tere son unos matones, la única decente es ella y váyase a comprar un par de botellas de whisky y unos naipes para que pasemos bien el rato. Aquí tiene unos dolaritos de los que me pagaron…que sirvan para algo bueno,  me dijo sonriendo.

Alejandro Bravo.-  San Salvador,  marzo 2009